También hay un día internacional del Jazz

Me atrae el artículo del periodista Rafel J. Álvarez publicado en el diario El Mundo del pasado 30 de Abril de 2019. Y me atrae, primero por el título «Podéis ir en Jazz» y segundo por la primera imagen que ilustra el interesante texto relacionado con una de mis pasiones, el jazz: la imagen, en blanco y negro, de mi admirado Miles Davis. Y al seguir leyendo tropiezo con la segunda imagen, la de otro de mis imprescindibles y aún hoy admirado Bill Evans, el denominado «gran pianista blanco» o, por qué no, el mejor pianista de Jazz de todos los tiempos, con permiso de Erroll Garner.

Por todo ello, por tantas alusiones y curiosidades, dejo constancia del artículo entero en ésta sección del blog más desnudo de internet.

Podéis ir en jazz

  • RAFAEL J. ÁLVAREZ

Martes, 30 abril 2019 – 16:49

El músico estadounidense Miles Davis (1970).

Este 30 de abril se celebra el Día Internacional del Jazz, la música centenaria que resiste modas y tendencias envolviendo la vida de millones de fans de todo el mundo

«El jazz es una música anárquica, desordenada y sexualmente insinuante». Lo decían a principios del siglo XX, en plan crítica, los guardianes de la moral, que veían a aquellos negros de partituras libertarias sin partitura como si fueran los caminantes blancos de Juego de Tronos. Qué miedo.

Hoy es el Día Internacional del Jazz, por lo que convendría leer, trabajar, caminar, discutir, ir de vientre, beber, votar (ah, no, hoy no), sufrir y gozar con banda sonora.

¿Y usted cuántas piezas de jazz come al día?

Cuando uno se acerca por primera vez al jazz se hace el culto por fuera y explota por dentro. Es como fumarse una calada que incendia la garganta con una tos sísmica por venir, pero poner cara de seguir atento a otras cosas. Mail on Sunday escribió que el jazz es «cinco hombres en el mismo escenario tocando cada uno una canción diferente».

El jazz y sus notas no esperadas te cuestionan;si todo te suena raro, no debería sonarte bien. Pero vas la segunda vez (y la tercera y la cuarta) y de repente encuentras 20 segundos de belleza. O un minuto de vuelo sin motor. O un tema que no quieres que se acabe nunca.

Y, en medio, algún truño, claro.

El álbum debut ‘New Jazz Conceptions’ de Bill Evans lanzado en 1957.

Tampoco nos pongamos intensos. La contundencia de las definiciones cabrearía a sus propios autores, músicos desobedientes que nunca tocaban dos veces la misma cosa. Gente de mal vivir y buen crear.

Quién sabe si, tiempo después de recuperar los dientes perdidos tras una paliza, el mítico y polintoxicado Chet Bakerse cayó de la ventana de aquel hotel de Amsterdam o alguien lo empujó. O qué pensaría de la trascendencia el inmortal Charlie Parker, tan destrozado por el alcohol y la heroína que los forenses que le hicieron la autopsia calcularon un hombre de casi 60 años cuando tenía 34. Y cómo no seguir sintiendo a la histórica Billie Holiday, víctima de las drogas y de parejas violentas y defensora de himnos contra los ahorcamientos y linchamientos de negros comoStrange fruit.

La historia del jazz es la de la libertad, música que desabrochó los corsés de la gente, quepuso a bailar a cualquiera como quisiera y que continúa matando al racismo. Jazz, esas cuatro letras sospechosas para el estalinismo o los comienzos de la revolución cubana y diabólicas para los albores del franquismo: «Se ve con fundada preocupación el desarrollo que puede alcanzar la llamada música negra». 

Quizá por eso, la Unesco se pone seria: «El jazz rompe barreras y crea oportunidades para la comprensión mutua y la tolerancia. Es un símbolo de unidad y paz. Reduce tensiones entre individuos, grupos y comunidades. Fomenta la igualdad de género. Promueve la innovación artística, la improvisación y la integración de músicas tradicionales en las formas musicales modernas. Facilita la integración de jóvenes provenientes de medios marginados. No se trata tan sólo de un estilo de música, sino de que el jazz contribuye también a la construcción de sociedades más inclusivas».

¿Qué habría sido de Miles Davis sin una trompeta? ¿Qué habría sido del mundo sin la trompeta de Miles Davis?

Aquel negro que acabó siendo una estrella es la ocasión de todos los negros con una música bajo la piel. Y de todos los blancos y su talento.

Porque el jazz se escribe hoy con grandes nombres, pero también con los de los músicos que se juntan en un sótano, que saben que no se harán ricos, que dignifican el trajín nómada de los hoteles, que lloran cuando cierran el San Juan Evangelista o que tocan en los bares mientras la gente habla de otras cosas.

Una noche de 1961, en el Village Vanguardde Nueva York, una clienta pasó a la historia sin saberlo. Estaba con unos amigos tomando copas cuando tres tipos se subieron al escenario y se pusieron a tocar. Eran el bajista Scott Lafaro, que moriría un mes después en un accidente de coche, el batería Paul Motian, y el más grande pianista de jazz de todos los tiempos: Bill Evans.

El grupito de colegas siguió de cachondeo mientras aquellos tres músicos iban poniéndole grandeza a nuestro futuro. Y cuando estaban terminando de tocarI loves you Porgy, en el minuto 5.21 de la grabación en directo, la mujer se echó unas risas.

Debió ser el desorden, la anarquía y la insinuación sexual.

Sin exagerar, en este día internacional, diremos que hay jazz después de la vida.

Podéis ir en jazz.